Esta historia habla de la inmensa pena de un hijo por la partida de su madre. Y hablo de un hombre grande, ya. Mejor dicho, un niño de unos 28 años. Me la contaron y me conmovió, me hizo pensar en el rol impensado que puede jugar un bello auto como antídoto del quebranto por la partida sin regreso de alguien tan amado como quien te guardó durante meses debajo de su piel, siempre calientito y bien cuidado.
Don Juan ganó prosperidad con su negocio de virutas, esa que acompaña a modo de colchón los envases de cuánta cosa y producto podemos imaginar. Autos y propiedades a su haber fueron transformándose en prueba tangible de su prosperidad.
Pero la vida tiene esos giros que a veces te marean y otras te botan al punto de ser difícil ganar nuevamente la vertical. Llegaron los sintéticos, el proveedor de la lejana china, la goma eva, tanta cosa… La viruta se volvió menos rentable ante tanta competencia y todo fue decayendo. Sigue leyendo… El Wrangler y las virutas de don Juan
Uuuuuuuhhhh… Fue la exclamación que registré y multiplicado por harto. Se los juro. Antes de hablarles del poder, técnica y empuje de este auto (la ficha técnica es bien elocuente para encima seguir yo dando la lata), tengo y necesito contarles que anduve casi toda la semana conduciendo una máquina que es un suceso. Impacta, sacude, si hasta diría yo que agrede.
Salir a manejarlo y exhibirse (los lectores antiguos de la revista Tacómetro entenderán que eso lo hago de maravillas) te hace sentir como en una película. A cada momento. En el habitáculo hay una buena butaca y apenas lo necesario para disfrutar lo que está debajo del capot: un motorazo V8 de 5.7 litros. El decorado es en tonos negros, con algunos matices de aplicaciones metálicas más próximas a lo plateado. Aire acondicionado común, buen sunroof, ajuste eléctrico de la butaca del piloto y sanseacabó. ¿Para qué quiero más? ¿Para que el americanote éste deje de ser lo que siempre ha sido? No, señores. Este auto nació macho y aunque asistamos a la versión 2010, el ADN de sus orígenes permanece intacto. Sigue leyendo… Clint Eastwood, el Challenger, la gente y yo
Una Ford con pick up enchulado alto y en madera. Azul y cafecita, por tanto, se veía la camioneta de mi tío Miles. Toda una novedad en el Dichato de los setenta. Como cada año yo llegaba en el ramal que salía de Chillán pasadito el año nuevo y me quedaba hasta los primeros días de marzo.
Pelusear en la parte de atrás de esa camioneta era un panoramazo. A veces a escondidas porque mi tío es un cascarrabias y el vehículo, mal que mal, formaba parte de su ferretería y las labores anexas como el reparto de gas.
A veces había que ir en esa camioneta a Menque, un pueblito que está como a las espaldas de Pingueral. Lejos del mar. Tranquilo y fome a morir. Hasta el río que pasa por ahí parece que no tuviese corriente. Y era emocionante irse atrás, bien afirmado porque el camino era pésimo. Y polvoriento. Sigue leyendo… Dichato y las camionetas
No quería que este momento llegara, Roberto. Te lo fumaste todo, dicen que hasta 80 puchos en un día, y el cuerpo no te lo perdonó. Pero fue parte de tu vivir intenso, de tus canciones cantadas con el alma, de esos movimientos que volvieron locas a cientos de miles de mujeres, quizás también a las mujeres que amaste, siempre mayores que tú…
“Ajustate el cinturón que vamos a volar, nena”...
Te recuerdo en el matrimonio de uno de mis amigos y hermanos más queridos de la vida. “¿Cómo va a estar la música?”, le pregunté poco antes de la boda. Sólo me comentó que había seleccionado “Tengo”, para la parte más prendida del bailoteo.
Te recuerdo cuando acompañaste el beso que le di a una chica una vez, hace ya mucho, aunque a ella no le gustaba tu música. Sonaba “Dame el fuego” y la vida parecía cambiarme para siempre.
Te recuerdo en mi trabajo, todos los días. Hay un buen tipo con el que en vez de saludarnos como corresponde te rendimos un homenaje cotidiano. “¡Roberto, tanto que no venís por el barrio!”, en referencia el pasaje de una de tus películas que tanto Héctor, mi compañero de trabajo, y yo hemos visto y re visto. Sigue leyendo… Sandro, mujeres y autos
Nos estamos poniendo muy tuercas o siempre lo fuimos. Quién sabe, da lo mismo. Lo bueno es que se está haciendo frecuente que cada semana haya un espectáculo relevante del motor (no hace mucho era uno cada dos meses o más incluso).
Desde que saltó a Chile, el Dakar se transformó en tema social, ecológico, deportivo y hasta político, sino basta ver la solemnidad que se le dio al millonario aporte recibido por De Gavardo para que corra la carrera que partirá próximamente tras los abrazos de año nuevo en Bueno Aires y que del 5 al 12 de enero convulsionará el suelo chileno.
El viejo (en rigor no es nada de viejo, tiene 44 años), querido y recordado campeón trialista de los ochenta César “Chachi” Ramos se metió a empresario de mega eventos tuercas y hará vibrar a la fanaticada local este fin de semana en el Parque O´Higgins, donde correrán seis coches en la modalidad del drift, ese derrape que inventaron las pandillas japonesas de los ochenta y cuya popularidad, hoy, está a la par de las grandes ligas (léase F1, Nascar, Rally Mundial), aunque todavía sin la bendición de la FIA. Da igual, la convocatoria y la calidad de lo mostrado hace contener el aliento y algo se ha podido ver en el cine en la saga de Rápido y Furioso (incluso dentro del selecto grupo de pilotos especialistas que viene con el espectáculo, anda uno que participó en el filme del diestro Toretto).
El Rally Mobil cumplió una década y ya proyecta el futuro consolidado, la F3 se reposicionó de la mano de auspiciadores de peso y desde la industria ya se comienza a vivir el Salón de Santiago 2010, mientras las marcas copan la agenda de todas las semanas con novedades y lanzamientos.
Ojalá todo esto impulse el gran punto pendiente: el autódromo en la Región Metropolitana, entendido no sólo como un lugar para ir a ver carreras el domingo, sino un epicentro, un punto neurálgico de todas las actividades no sólo del motor deportivo sino también de la industria, las motos, el mercado. Una catedral del motor. A rezar, entonces… ¡Y no se pierdan el drift del Parque este fin de semana!
Desde la Asociación de Importadores de autos de Chile, la famosa Anac, me llega un reporte con la marcha del negocio, léase las ventas de coches nuevos, entre enero y octubre. Y son esperanzadoras. En medio de la crisis, no hace mucho, ni el más optimista de los ejecutivos pronosticó ventas totales por encima de los 140 mil autos para 2009. Y resulta que la proyección, con los resultados de octubre en la mano, ya va por encima de las 160 mil unidades. ¿Pesimistas del carajo? No, sólo hombres de negocios que calcularon mal, que temieron y creyeron en esos agoreros de la desgracia que veían meses y hasta años de crisis lacerando la vida de cada habitante del planeta. En Chile tengo de ejemplo a importantes periódicos, a amigos del sector automotor e incluso a colegas.
¿Y qué pasó? ¿Magia? ¿Un genio potente al que se le pidió que se acabara la crisis? En rigor algo mucho más terrenal. Bueno, si bien en lo macro todo empezó a ir mejor, también hay que convenir casi como dogma lo crucial que se ha vuelto el auto o algún medio de transporte motorizado en nuestras vidas. Por la polola, por la novia, o el carrete, el hijo, el vecino, por ti, por mí… Cada vez necesitamos ir a más partes. Trabajo, estudio, ocio o simplemente escapar para poner un freno. Y nos acompaña nuestro auto. Huimos a un lugar quieto. A mirar una puesta de sol. A relajar para tomar una decisión importante o simplemente una decisión puntual. O a nada, si te place.
El aire fresco y el silencio se toman todo. Nuestro motor no está encendido. Ni siquiera hay que arrancarlo para sacar corriente del terminal 12V, enceder un pucho o instalar un accesorio muy barato que nos calienta agua para un café. Es la cita que pocas veces nos damos. Con nadie y con todo. Y para eso necesitamos dos cosas: nosotros, tú o yo; y un auto, nuestro auto. Si no lo tienes, juégate por tener uno. Pondrás más contentos a los catastrofistas que pregonaban el naufragio, contribuirás a pintar de azul esos reportes que los vendedores de autos sacan mes a mes y tú podrás parar cuando quieras después de un viaje. Detener el auto, mirar el horizonte, fumar, tomarte un café. Y creer que por ese momento eres muy feliz. ¿Cómo no van a crecer y seguir creciendo las ventas de autos?