No quería que este momento llegara, Roberto. Te lo fumaste todo, dicen que hasta 80 puchos en un día, y el cuerpo no te lo perdonó. Pero fue parte de tu vivir intenso, de tus canciones cantadas con el alma, de esos movimientos que volvieron locas a cientos de miles de mujeres, quizás también a las mujeres que amaste, siempre mayores que tú…
Te recuerdo en el matrimonio de uno de mis amigos y hermanos más queridos de la vida. “¿Cómo va a estar la música?”, le pregunté poco antes de la boda. Sólo me comentó que había seleccionado “Tengo”, para la parte más prendida del bailoteo.
Te recuerdo cuando acompañaste el beso que le di a una chica una vez, hace ya mucho, aunque a ella no le gustaba tu música. Sonaba “Dame el fuego” y la vida parecía cambiarme para siempre.
Te recuerdo en mi trabajo, todos los días. Hay un buen tipo con el que en vez de saludarnos como corresponde te rendimos un homenaje cotidiano. “¡Roberto, tanto que no venís por el barrio!”, en referencia el pasaje de una de tus películas que tanto Héctor, mi compañero de trabajo, y yo hemos visto y re visto.
Y te recuerdo como tuerca. No te aguantaste e hiciste de piloto en “Siempre te amaré”, independiente de que quedaras paralítico y ciego por ese accidente en el TC que le roba el corazón a la mitad más uno de toda tu Argentina que bien e incondicionalmente quiere a sus ídolos. Muy cebolla para mi gusto, pero muy tú, Roberto. Por eso te prefiero galanazo en el Mazda RX-7 rojo, con tu chaqueta plateada con el logo de Corvette en las mangas. Te detuviste a ayudar a María Valenzuela que estaba tirada en la carretera con su Fiat 600. Y te mandaste una inmortal cuando la piba ya estaba contigo: “Ajustate el cinturón que vamos a volar, nena”… En “El deseo de vivir”, en 1973, te pusiste algo más flemático pero no menos deportivo y se te vio en el Jaguar E-Type que hoy adorna el patrimonio de verdaderos coleccionistas tuercas.
Mujeres, canciones, autos. Cuánto nos parecemos, amigo mío.
Estas noches, como tantas noches, iré al karaoke y cantaré Penas y penas y penas… Hay dentro de mí y ya no se irán, porque a mi lado tú no estás.
Siempre te amaré, Sandro, Gitano no más…


