El fenómeno de “La Pequeña Gigante” volvió a estar presente en las calles de Santiago. Tanto niños como adultos se conmovieron con el encuentro con su “Tío Escafandra”. Las reacciones vistas en estos días obedecen a un fenómeno que dice mucho del tipo de sociedad en que estamos inmersos y que algo nos falta, o nos esta pasando como hecho social o actividad cultural.
El fervor que causó el espectáculo de la Pequeña Gigante en nuestro país es en algo digno de analizar, ya que se cuenta que este show no provoca tal fanatismo en los otros países que se ha presentado, tal como sucede en Chile. Este fenómeno contrasta lo que habitualmente es la vida diaria de las personas que tiene ver con cosas más materiales racionales, donde el individualismo y el egoísmo esta instalado hace mucho tiempo en nuestra sociedad. ¿Qué nos pasó como país?Yo no quiero analizar el tema en el ámbito de la sicología, la sociología o estudio de la sociedad y sus comportamientos grupales. Quiero referirme a los espacios que hacen falta en nuestro hábitat o el diario vivir del día a día.
La Pequeña Gigante, El Tío Escafandra y los Mall y Centros de reunión espontáneos de los habitantes. Muchas veces sucede que vivimos en ciudades que conocemos muy poco. Esto generalmente le ocurre con mayor frecuencia a los habitantes de las grandes urbes. Es importante que las personas conozcan la ciudad donde viven y sepan ubicarse en ella, lo que se puede lograr recorriéndola y visitando sus lugares más importantes: edificios históricos, museos, parques, centros administrativos del país, etcétera. Es recomendable que este conocimiento empiece cuando se es niño, sin esperar llegar a adulto para decidirse a hacerlo.
El concepto urbano proviene de la palabra latina urbs, con la que los romanos denominaban a la ciudad. La ciudad es una población grande y compacta, cuyos habitantes no se dedican a la producción de alimentos. Es tradicionalmente un centro de vida económica, política, religiosa y social. Las ciudades nacieron porque el hombre necesitaba vivir cerca de otros seres humanos para satisfacer sus necesidades de intercambio, reunión, bienestar, etcétera.
Esto me lleva a pensar, que nos falta espacios de recreación donde las personas tengan verdaderas actividades sociales al aire libre. Donde las plazas y los municipios no están cumpliendo o llevando a efecto los desarrollos de centros de reunión espontáneos. Hoy el hombre contemporáneo, existe la tendencia a vivir en la ciudad, debido a las comodidades que esta ofrece. Pero, cada día se le hace más difícil resolver los problemas que ello conlleva.
En la búsqueda de adecuadas soluciones, diversos profesionales como arquitectos, geógrafos y planificadores han presentado distintos proyectos. Uno de éstos ha sido la construcción de ciudades-jardín. En ellas se reúnen las ventajas de la ciudad con las del campo. Otra proposición ha sugerido que las autoridades cuiden que exista una planificación urbana, a fin de superar los problemas contaminación y marginalidad que sufre la población de la ciudad.
Otra alternativa para mejorar la calidad de vida en las urbes son las ciudades-satélite. Estas constituyen una serie de poblados menores ubicados en torno de una gran ciudad. Fueron creadas como una manera de descongestionar a la gran ciudad. Sin embargo, sus habitantes generalmente deben viajar hacia ella, pues sigue siendo su lugar de trabajo. Será necesario un gran esfuerzo de todos los habitantes para que las ciudades ofrezcan una mejor calidad de vida.
Todo esta explicación social radica que las industrias localizadas en las ciudades atrajeron a miles de personas, que deseaban trabajar en los centros urbanos. Este acelerado proceso de urbanización se tradujo en una situación insostenible para las ciudades del siglo XIX. Debido a la gran oferta de mano de obra y para lograr el máximo de ganancias, los empresarios industriales ofrecían sueldos muy bajos, que apenas servían para pagar viviendas insalubres, agrupaciones en densos barrios obreros que ocupaban extensas áreas urbanas. Las familias se apiñaban en cubículos carentes de servicios, mal ventiladas, donde proliferaban las enfermedades. Frente a la miseria de las masas obreras y los problemas de congestión y contaminación de la ciudad industrial, la sociedad reaccionó con diferentes posturas.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de los graves problemas de las ciudades y las crecientes revueltas populares urbanas, los gobiernos europeos emprendieron una serie de planes que tendían a mejorar las condiciones de vida de las ciudades, facilitando el transporte y la actividad comercial. Hoy en día, el nivel de urbanización sigue experimentado un elevado crecimiento, proporcionalmente muy superior al aumento de la población total.

