Murió Miep Gies, quien ayudó a Ana Frank a ocultarse durante la ocupación Nazi.
Este hecho me ha traído a la memoria lo inspiradora que fue la figura de esta niña en los momentos en los que estaba dilucidando que el periodismo sería la carrera que elegiría para mi vida.
Creo que yo estaba en 6to. básico cuando leí sus escritos, y pensaba en la gran paradoja de su vida: ella quería ser periodista, pero ¿qué mejor reporte hemos recibido de la época que “El Diario de Ana Frank”?
Recuerdo que justo en el momento en el que leímos el libro en el colegio, llegó al Goethe Institut (Chileno-Alemán de Cultura) una exposición de ella y de la época. Me tocó dejar (a nombre de mi curso) un registro en el libro de visitas: “seré periodista en honor a Ana Frank”. Y aquí estoy.
Su figura también resurge cuando tengo que exponer sobre periodismo ciudadano: ¿no es ella una reportera sin Internet? ¿tendría Ana un blog si viviera en nuestra época? ¿no es Yoani Sánchez una especie de Ana Frank?
Mi postura es que la pequeña fugitiva es la muestra viva de que el periodismo ciudadano existe desde hace mucho tiempo, sólo que Internet ha hecho que crezca exponencialmente. También cuento una historia que me conmueve, de un militar alemán de la Segunda Guerra Mundial que mandaba cartas a su familia con su relato de la guerra y hoy ellos publican sus cartas sistemáticamente en una bitácora virtual.
No creo haber sabido el nombre de Miep Gies hasta hoy (y si lo supe alguna vez, no lo recordaba) pero su muerte me hace rendirle un homenaje de agradecimiento por valorar la historia, guardar un pedazo importantísimo de ella y permitir que nos inspiráramos con la figura de una niña a quien (quizás inocentemente) le queremos cumplir sus sueños.

