
Puede sonar frívolo, magazinesco e incluso fuera de lugar, pero hay algo que sí se terremoteó tras los intensos días post sismo: el negocio de los conciertos.
Hoy mismo, cuando se realiza el primero de Alejandro Sanz, vuelve a surgir la pregunta sobre qué pasa que cada semana nos exponemos a más de 10 conciertos diferentes, con precios que muchas veces no hacen temblar el bolsillo.
¿Se ha creado un nuevo mercado en Chile: el de las presentaciones de artistas, así como en mercados como el de EE.UU. o el de Inglaterra?
La respuesta parece estar tras el negocio de las disquerías que como todos saben… ya no calienta a nadie.
Las ventas de discos convencionales a pique y si a eso le sumamos que los artistas ganan aproximadamente el 10% de las ventas de esos discos, qué más les va quedar que salir a mostrar sus dotes en el escenario.
Lamentablemente tenemos un problema, porque tanto concierto está complicando no sólo a los melómanos, sino también a los padres que deben costearle a sus hijos los gustos musicales, e incluso acompañarlos. Lo mismo pasa con los universitarios que se gastan la mesada para pagar la ida al concierto.
El llamado es a tener ojo y planificar, poner el la balanza. No hay bolsillo que resista más de 2 conciertos al mes, y creánme que la oferta de hoy día para al menos gastarse en 4 conciertos de gusto propio. Mínimo 100 mil al mes en conciertos, porque por los horarios y la mañas ya no se puede ir a la galería.
Me aburrí… me voy al concierto de Sanz, y esperemos que dejen de venir los de mi gusto, o sino la billetera se pondrá a llorar.
Esta semana los dejo con una canción de uno de los conciertos mejor catalogados del verano que se va y que muesta que todo es un negocio… y que el público es el vil consumidor.

