… Con juguete nuevo. ¡Literal! Así estuvimos todos los Santiaguinos (y los chilenos por TV e Internet) disfrutando del espectáculo callejero de la Muñeca Gigante y su Tío. Fue lindo ver a todos los Santiaguinos volcados a las calles, en familia, siendo testigos de un verdadero carnaval de asombro y alegría.
El sábado pasado partí con mi hijo Felipe tempranito a ver “la llegada del Tío Escafandra” a la Plaza Bulnes y la verdad es que me fallan las palabras – esas mismas que son mis amigas al momento de expresar lo que siento – para describir las sensaciones que reinaban en el centro de la ciudad. Ver a una multitud de adultos convertirse en “cabros chicos”, sentir la expectación mientras se abría la caja donde venía el muñeco de once metros y escuchar el “¡¡¡OHHHH!!!” de una multitud genuinamente asombrada me llenó de emoción, de una emoción aun mayor que la que siento cuando voy a un recital de rock. Ver caminar al “Tío Escafandra” gracias al enorme esfuerzo de los “liliputenses” (Escucharlos gritar “DEGGECHAAA”… “IZQUIEGGG”… “DEGGECHAAA”… “IZQUIEGGG”… para mover sus descomunales pies), la música de fondo, los vítores, gritos y aplausos de una multitud presa de emoción, susto, cariño e ingenuidad, es algo que realmente cuesta describir con palabras. Se me quedó fuertemente grabado en la retina, los ojitos de impacto de los niños más chicos, el llanto de miedo y respeto de los bebés en los brazos de sus padres, la cara de los adultos que volvían a ser niños y la cara de los mismos actores que no podían creer la reacción de los chilenos y un torbellino de sensaciones que se me agolparon en el corazón, que difícilmente olvidaré, y mis hijos tampoco olvidarán tan fácil. Escuchar al gigante decir: “¡¡¡Holáaa chilienne!!!” o con acento muy francés: “¡¡Holáaa chilenóoosss¡¡” y que la multitud le conteste “¡¡¡HOLAAAA!!!” fue I-N-C-R-E-Í-B-L-E y mágico.
Ahí me di cuenta lo difícil que es ser camarógrafo o fotógrafo. No es fácil caminar o correr tratando de sacar una buena foto (para muestra la foto que acompaña este post, ¡toda movida!) en medio de la multitud o grabar sin que la imagen salga corrida. La verdad, ¡los admiré!… De hecho, vi muchos medios tratando de seguir el paso del Gigante, más encima, haciéndole el quite a todas las personas que querían hacer lo mismo, colorados y sudorosos para llevar esa misma emoción a todos los chilenos que estaban lejos, incluso en otros países. Notable el trabajo de Televisión Nacional realmente y la reacción de la gente en provincia y el extranjero también.
El domingo concluyó esta fiesta con un verdadero carnaval de confeti que volaba por las calles, globos de colores, challa, papel picado y mucha, mucha alegría. Y como mi hija chica fue madre hace poquito, reservé una mesa en el café de redes sociales que está al costado del cerro Santa Lucía para poder estar tranquilamente conectada y twittear desde mi netbook y al mismo tiempo tener a mi nieta e hija protegidas de los apretones de la gente. Desde ahí, fui testigo de las lágrimas de los niños que no querían que los gigantes se fueran, escuchaba a los adultos decir que tenían “piel de gallina” y unas ganas enormes que haya más espectáculos como estos en las calles de nuestras ciudades. Increíblemente, los chilenos SI tenemos espíritu de carnaval y mucha imaginación para contar historias (bueno, y cuentos también, ¡para qué estamos con cosas!)… Espero haberles dejado un recuerdo inolvidable a mis hijos, al pololo de mi hija y a mi nieta (¿por qué no?)… Quedé con gusto a poco, quiero más alegría, más música en la calle, más espectáculos de nivel para nuestros niños… ¡Quiero más, mucho más!
De hecho, conversaba con varios amigos extranjeros que me decían que estaban asombrados de la reacción del público chileno. Tenemos una hermosa capacidad de mostrar asombro, de dejar fluir las emociones, de gritar, llorar, reír, aplaudir y bailar sin pudor. Y eso es absolutamente cierto. Yo lo vi y lo viví en carne propia.
Sigo enamorada de mi país. Y mis amigos extranjeros, producto de esto mismo, quieren venirse a Chile a vivir. Es más, ¿les cuento? En medio de la multitud, no me di cuenta y me robaron TODOS los documentos el domingo. Ese mismo día, en la noche, un hombre de buen corazón se tomó la molestia de ubicar a mi hermana en la guía de teléfonos para avisarle que los había encontrado tirados en las cercanías del cerro Santa Lucía y pensando que me hacían falta no se detuvo hasta encontrarme para entregármelos de vuelta. ¡¡¡Qué lindo gesto!!!. Gracias.
¡Yeap! Hacen falta más espectáculos masivos. Tenemos que perderle el miedo a los grandes espectáculos públicos y dejar que la gente vaya libre por la calle, expresándose. Ahora, claramente, faltan muchas cosas, como la conciencia ecológica para no dejar el basural después del espectáculo, organizar vías de tránsito más expeditas para que la las personas puedan seguir el espectáculo caminando, más asientos para los viejitos y espacios habilitados especialmente para los discapacitados, que sean espectáculos itinerantes por otras ciudades también y , y, y… ¡Y bueh! Vamos de a poco, pero VAMOS. Eso es lo que importa.
Quedé contenta y emocionada, que es mi estado habitual, la verdad. Cada día que pasa, ¡más me gusta mi país!
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