Terremoto en el corazón

Terremoto. Foto: UPIEste me pilló lejos de mi  . Y lo resentí. Yo estaba en Viña, en un concierto privado del grupo Miranda! en una casona antigua maravillosa. Me encontraba en el segundo piso, en el salón vip, con mucha farandulilla criolla, además de parte de la banda argentina. Ya nos disponíamos a irnos con mi grupo de amigos, cuando comenzó el movimiento. El interior de la casa era de madera, así que bailó mucho. Comenzaron a explotar los hermosos vitrales y a caer los añosos candelabros. La gente corría hacia las escaleras y gritaba.

Mientras todo eso sucedía, yo pensaba en él. ¡Cómo me hubiera gustado abrazarlo! Si bien en la Quinta Región había sido de menor intensidad, la construcción donde yo estaba me hizo pensar que el epicentro había sido ahí mismo.  Apenas todo terminó, el instinto nos llevó a subir Agua Santa, no queríamos estar cerca del mar. Pasaron un par de horas antes de poder hablar con él. Y sólo ahí me volvió el alma al cuerpo. Sin duda me preocupó mi familia, mis amigos, pero sentía que sólo sabiendo de él iba a tener paz. No podíamos creer que el inicio de todo había sido en el sur de Chile, “¡por Dios cómo habrá sido allá que se sintió tan poderoso a pesar de la distancia!”, pensamos.

Creo que pasada la angustia inicial, esa que hace que sintamos el imperativo de salvar nuestras vidas, decantan los verdaderos afectos. De hecho, en medio de la dificultad en las comunicaciones, una amiga recibió un mensaje de texto en el celular de un “pretendiente” muy preocupado de saber si estaba bien. Y eso que apenas llevaba un mes de conocerlo, no se habían siquiera dado un beso, y hacía unos días que no se contactaban. Es que estas catástrofes remecen el alma y nos traen a primer plano aquella gente especial.

Mi pronto regreso a Santiago lo sorprendió, porque estaba la duda de la disponibilidad de las rutas. Tuve ganas de llorar cuando al fin pude abrazarlo, pero me contuve porque era un momento de alegría y no de pena. Ya sabemos que los hombres no se entienden con las lágrimas. Estar así de contenida, sentir que el tiene depositario, es una bendición. Lloro mientras escribo estas líneas al pensar cuántas personas perdieron a sus seres amados y se quedaron sin ese abrazo. Para ellos no hay consuelo alguno en estos momentos.

Estos 8,8 grados han sido para todos un en el corazón. Ahora que la naturaleza nos recuerda que le pertenecemos, no nos olvidemos de regalonear a nuestra familia, a los amigos, a la . No perdamos el vuelito de envalentonarnos y acercarnos a esa persona que nos interesa, quién sabe.

Que la intensidad de nuestras buenas emociones para los demás, sean tan o más intensas que las de Richter o Mercalli.

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