Conforme pasa el tiempo, las personas vamos cambiando, así como cambia el clima, así como cambia la vida, las parejas que sobreviven son las que logran aceptarse, las demás, no.
Quiero, antes de seguir, aclarar que esta es una columna de opinión, con la cual el lector puede o no estar de acuerdo, porque lo expresado aquí no es una verdad absoluta, es sólo mi humilde e innecesaria opinión. Y yo opino que me cargan las mujeres, me cargan porque son controladoras, manipuladoras y malas, por eso, cada día que pasa, me gustan más los hombres.
He escuchado en boca de varias mujeres (amigas, familia, compañeras de trabajo), ese viejo proverbio macabro, de que al hombre hay que cambiarlo, “amoldarlo a una”, mejorarlo, para que sea, vista, ande, haga y viva como a una le gusta “es que tu tenis que enseñarle, es que tu tenis que amoldarlo y hacerlo cambiar…” qué horror brujas insoportables y también inconsistentes, conocen a un hombre y se enamoran de él por todas esas cosas que él tiene o hace, por su forma de ser, se enamoran porque él cumple con lo que ellas desean, es perfecto, lo aman, sueñan con él… y después lo quieren cambiar, ¿quién las entiende?.
Por lo demás el hecho de querer “mejorarlos”, “enseñarles”, denota no solo una barbarie que escuece, sino también, el insensible autoconvencimiento de que ellas son perfectas y dueñas de la verdad. No señoras, no es así, ustedes también tienen sus cosas malas, pero ellos las aman así no más, ni se fijan, ni las “educan”.
Ustedes se esmeran y se esfuerzan por cambiarle conductas, por hacer de él “otro” y a la vuelta de los años, las muy caraduras los espetan “es que tú ya no eres el mismo hombre del que yo me enamoré”, claro que no, si hasta la marca de los slips usted se la cambió pues mhija, “es que ya no eres alegre como antes”, claro que no, si cuando el se reía y hacía un chiste de todo usted le dijo que era poco serio, que todo lo tomaba para la risa, “es que ya no hacemos el amor como antes”, obviamente no, porque usted le puso horario y día de semana cortando de raíz la espontaneidad, no quiere acompañarlo a un motel porque le da escrúpulos y ya no grita su nombre para que no la escuchen los vecinos, además le dice que en el auto está incómoda… lo conoció en una fiesta y ahora no quiere salir a bailar con él porque está cansada, lo conoció fumando y ahora le reclama que las toallas tienen olor a cigarro, lo conoció chascón, desordenado y hippie y ahora usted le puso camisa polo y pantalón color caqui bien planchado.
“Estas tan cambiado, ya no eres el mismo”, claro que está cambiado, usted misma lo cambió y dejó de ser el hombre del que se enamoró, dejó de hacer esas cosas que la conquistaron, ya no es su amor, es el mamarracho que usted amoldó, cambió, enseñó y mejoró por consejo de su madre…
Por eso mhija se le disolvió el príncipe como un yastá, porque usted tozuda y sistemáticamente lo hizo ser otro.

