Quedó claro con la creación de “Improvisa o muere” en TVN. Si la televisión abierta intenta tomar ideas de la producción local del cable –en este caso “Los improvisadores” de ViaX– es porque están mirando atentamente hacia allá. Y claro, a veces con mejores resultados (”El club de la comedia”, sacado de ViaX), logran adaptar esos espacios que hacen lo que la TV abierta hace tiempo no se atreve a hacer: crear rostros y dar vida a formatos nuevos.
Más allá de la polémica de que lo de TVN es la copia de la copia, la lección que queda es esa. Sobre todo cuando en el mismo mes el canal público decidió levantar a Ignacio Franzani de ViaX y llevárselo para armar un programa al mediodía. Porque claro, entre tanta entrevista de noticiero nocturno, ninguna resulta tan natural, entretenida –y a la vez informativa– que la del espacio del periodista “Cadena nacional”.
En la misma línea se puede posicionar a su compañero de estación, Humberto Sichel, a cargo del “Xpress central”. Un rostro joven que –hasta ahora– sólo ViaX le ha dado cabida como conductor principal.
ViaX suma a su lista de buenos productos el espacio de trasnoche “Mucha tele”, esa reencarnación de “El Sótano” que ha convertido a Rodrigo González en el nuevo “Huevo” Fuenzalida.
La lista sigue. Sin Dios ni Late” de Zona Latina es el mejor programa de conversación local. Julio César Rodríguez tiene a los invitados de moda –o los más curiosos– hablando de temas que ni en “Mucho lucho” ni en los matinales tratarían. Y muertos de la risa.
Complejo esto de armar un capítulo final para una serie. Si la producción es relativamente exitosa, la presión es tremenda. En un capítulo de media o una hora –y a veces en dos y media– hay que resolver la trama y enredos de años. A veces, décadas. Y el resultado parece pocas veces ser satisfactorio.
El último ejemplo, “Lost”, es uno de los más decidores. Mientras la crítica lo aprueba, los fanáticos se dividen entre alabarlo y destruirlo. Algunos destacan su emotividad, otros critican la falta de explicaciones. Unos dicen que estuvo bien dejar algunas cosas en el aire. Otros querían un cierre claro y preciso.
Algo similar pasó con el último episodio de “Los Soprano”. La popular serie de HBO sobre el mafioso Tony Soprano desató una fuerte polémica. En los últimos minutos, cuando los fanáticos pensaban que Tony moriría, la pantalla se fue a negro y pasaron los créditos. Un final abierto. Y para otros, una serie sin final. Obvio, nunca nadie se puso de acuerdo si se trataba de una genialidad o de un bodrio.
La historia se repite con la comedia “Seinfeld” y su juicio final a los protagonistas. Algunos lo encontraron magistral, otros fanáticos jamás lo entendieron. “Los Archivos secretos X” es otro clásico de los finales cuestionados. Y la historia televisiva registra un sin fin de ejemplos.
¿Existe un final realmente increíble? ¿Uno que haya satisfecho a todos?
Hay algunos que por su simpleza sacan aplausos. Como el de “Friends” o el de “Sex & the city”. Claro que incluso estos tuvieron detractores por ser demasiado “predecibles”. ¿Entonces qué hacer?
Una opción bastante aburrida es no ver nunca más un final de una serie. Otra, simplemente aceptar que lo que importa es todo lo que está entre el episodio piloto y el desenlace. Quizás el mensaje más importante siempre estuvo ahí. En “Lost” con las historias de búsqueda de cada personaje y con el atrevimiento de los creadores de armar una serie como ninguna otra. En “The Sopranos” con la valentía de rearmar el prototipo del mafioso y en “Seinfeld” con la popularización de lo absurdo.
Si no se da un buen final, al menos ese es un buen consuelo.
Es cierto, el rating no los elevó por los cielos y hasta la cola de “Los ángeles de Estela” les ganó, pero “La movida” tiene vida y, más importante, ganas.
Tonka, totalmente relajada, busca su revancha después del tremendo porrazo de “El hormiguero” y podría encontrarla en este espacio si sigue ese camino y trata de ordenar su compañerismo con Sergio Lagos, en vez de complicarse el uno al otro.
Más allá de lo formal, fue un gran acierto revivir Peter Veneno. Ok, fue creado para otra época, pero qué importa si aún es chistoso. Y lo es. Si el programa logra mantener la calidad de la primera aparición del personaje, seguro será un hit.
Y claro, si logran dar más espacio a Pamela Díaz y dejarla hablar más que María Alberó, mejor aún. Incluso puede resultar chistosa la combinación con Pablo Zúñiga, otro loco en la TV.
La heroína y la villana: Fernanda Urrejola e Igancia Allamand
“Mujeres de lujo”, la nueva nocturna de CHV, es la moda kitsch llevada a la televisión: tiene de soundtrack a Myriam Hernández, llantos con rímel corrido, despecho, un malo (Tito Noguera) que se ríe a carcajadas y usa navaja, una viillana (Ignacia Allamand) con peinado armado en base a laca y un hijo perdido.
El menú completo del melodrama más chulo (léase shulo) que se acompaña astutamente con una amplia variedad de partes humanas al desnudo.
¿Es eso bueno? Probablemente no es la mejor teleserie de los últimos años y las actuaciones, tanto como la trama, son un poco exagerada. Pero ese efecto dramático y fantasioso –estilo canción de Yuri– es el que da gusto y se transforma en un placer culpable (a veces es divertido gritar “ahhhh” cuando la heroína se encuentra con su amor perdido).
Bien por la teleserie, mientras tenga conciencia de lo que es y no le de por tomarse en serio.
Con la versión local de “El Hormiguero” (español de nacimiento) pasó lo mismo que sucede a un principiante cuando trata de hacer un mousse de mango. La receta original se ve bien, la foto del postre hace salivar, súper. A la hora de la verdad, se mezclan los ingredientes y todo parece bien, pero el resultado final es una masa deforme con un sabor que no es nada. ¿Por qué si lo original era tan bonito? Lo dicen las mamás: como en toda receta hay que probar hasta dar con la justa mezcla y con el sabor adecuado para los comensales. La cosa no es tan simple.
Es lo mismo en TV. En el debut del estelar de Tonka y Sergio Lagos, se fueron al chancho con los ingredientes. Le pusieron de todo al mousse y no en la justa medida. Tomaron el original español y lo replicaron sin darse cuenta de que el sabor final quizás no es apetecible al gusto chileno. Fueron demasiadas cosas: Tonka en un globo, hormigas que echan tallas, videos fomes, 100 pedidos de comida china (¿para qué?), mallas en las cabezas, experimentos, uf!
Y todo para un público que suele preguntar “¿De qué se trata el programa?” y quiere una respuesta de una línea.
A eso claro, hay que agregarle el acompañamiento: Iván Zamorano. En el espacio original todo ocurre al rededor del invitado, no olvidando al invitado como en este caso. No es que el astro sea mala persona. ¿Pero qué novedades tiene? En un minuto fue como retroceder una década, cuando Zamorano iba a “Viva el lunes” y tenía que responder exactamente las mismas preguntas. Raro.
¿Lo positivo? Tonka muy jugada y la única que trataba de ordenar la casa.
Volviendo al mousse, toda receta es domable con el tiempo… y este programa lo tendrá de lunes a miércoles. Es de esperar que se ordene.
Es innegable, Don Francisco es un gran entrevistador en tono “humano”. Sabe conversar con sus contertulios, conoce las triquiñuelas para emocionar y domina suficiente información como para sorprender. Todo lo anterior destaca en “Las cuatro caras de la Moneda”, el programa de Canal 13 en que entrevista a los presidenciables. El problema del espacio está en otro punto: recuerda demasiado a “Sábado Gigante”, demasiado.
Hay factores que remiten a la confusión: el piano del incombustible Tío Valentín Trujillo. Es cierto, da atmósfera y permitió a Jorge Arrate cantar tango. Pero su sonido es como escuchar la banda sonora del clásico de Don Francisco. Da la impresión de que aparecerán autos cero kilómetro.
Segundo factor de equivoco: La insistencia de “Don Francis” por hacer llorar al entrevistado. En el primer capítulo incluso subió al escenario a la hijastra de Arrate y contó que había tenido un derrame cerebral hace poco. Ok, está bien, es “humano”. Pero incomoda cuando la entrevista a un candidato empieza a parecerse a las historias lacrimógenas de “Sábado Gigante” o más aún, de la Teletón.
Tercer factor: los complementos. En la primera entrega del programa, Don Francisco hizo pasar a una mujer chilota. Juro que los primeros 10 segundos pensé que se trataba de “La cuatro” disfrazada. Y creo que ni Arrate entendía si era real o una especia de broma. Nada en contra de la señora, pero hacerla entrar con traje “típico” y con un canasto fue como mucho. Como de otro show…
Es cierto, TVN tiene contrato de exclusividad con todos los ascendentes rostros de su reality “Pelotón”. Ellos tienen las primeras entrevistas, la opción de conversar con ellos, invitarlos a sus estelares, al matinal, etc.
Pero hay que ser claros, porque finalmente son otros los que están tomando al reality -tanto a “Pelotón”, como antes a “1810″– como semillero. Claro, porque si bien TVN y Canal 13 arman los realities, luego no tienen espacios para seguir desarrollando a sus personajes… no hay cabida para los famosillos B.
Y ahí salta la astucia de CHV. Pillos. El canal privado ha desarrollado la nueva dinámica de pescar con su grúa a todo rostrillo que salga de las telerealidades, porque tienen la plataforma ideal para insertarlos hasta que se gasten. Veamos: Pablo Schilling, Angie Alvarado– con demanda incluida–, Carla Ochoa, Mariana Alcalde y Arturo Prat estarán en los nuevos episodios de “Fiebre de baile”. Antes que ellos lo hicieron Janis Pope, Andrea Dellacasa, Mario Ortega y Angélica Sepúlveda, entre otros ex “Pelotón” o “1810″.
Eso, sin mencionar a quienes han pasado incluso por el panel de “SQP” (Mariana Alcalde, Eliana Albasetti), por las camas de Infieles (”La pulpera” de “1810″) o hasta por el Teatro de CHV (”Carla Ochoa”).
Astutos los de CHV. Otros los crean y ellos los aprovechan. El 13 y TVN deberían buscar como aprovechar a sus crías.
Ella misma lo dijo, y le resultó creíble: Tonka no se fue de TVN por plata, sino porque necesitaba un nuevo desafío. En palabras menos sutiles, estaba aburrida. Así no más. Cinco años haciendo lo mismo y a la misma hora aburre, por más que el programa sea entretenido, y los compañeros, chistositos.
Claro, Camiroaga tiene su estelar, tiene el Festival… el hombre posee un abanico de opciones glamorosas para probarse, para aprender, para innovar. ¿Y ella? ¿Por qué no? ¿Por qué TVN nunca le dio un estelar si todos sabemos que es la animadora más querida –y probablemente la mejor– de Chile?
¿Raro no? Debe ser malo sentirse poco valorado, sentir que a pesar del esfuerzo los jefes no apuestan más allá.
Y ese es un factor relevante en la carrera de Tonka, una mujer sencilla que, como cuentan sus ex compañeros, avanzó más convertida en la apuesta de algunos jefes que intentando sobresalir o llamando la atención para ascender. Eso, claro, hasta que ella decidió tomar las riendas… y ya todos sabemos qué pasó.
Cómo olvidar el terremoto televisivo que causó el día en que Canal 13 anunció que Raquel Argandoña volvía a sus filas. Después de más de un año en “Buenos días a todos” provocando risas y armando polémicas, la rubia se iba al 13…
Estuvo en “La Movida”, marcó un tanto de rating y luego desapareció. Es cierto, estuvo a cargo de “1810″ y “1910″, pero ¿alguien se acuerda?
La decisión del canal de ponerla en un espacio en que los reales protagonistas son los concursantes mató la imagen de Raquel. No aparece en los medios, no tienen revelaciones que hacer en torno a sus romances y ni siquiera hace declaraciones quemantes… sobre nada.
Peor aún, su asesor/a de imagen, sea quien sea, debería ser exterminado/a. Raquel lleva un año vistiendo como una abuela que quiere ser lola, cuando podría fácilmente llevar un estilo de madura sexy. Y sus peinados – o pelucas– mejor ni comentarlas. ¿Por qué alguien que se ve bien con su pelo natural liso necesita pelucas? Raquel no ha quedado calva aún, ¿entonces cuál es la razón?.
El sábado pasado fue el acabose, cuando apareció en la final de “1910″ con un estilo capilar que recordaba a Tina Turner en lo peor de los ochenta o –como una querida amiga comentó– un peinado digno de Halloween.
¿Dónde está Raquel? ¡Devuélvanla!
Para mí el asunto es simple. No hay mejor película de terror que “El exorcista”. Así no más.
¿Por qué? Es de las pocas cintas que realmente da terror, no miedos fáciles ni saltos de susto, sino terror. Esa eterna tensión que parte en el primer minuto de la película y no termina nunca, que logra tenerme con las manos apretadas y con la cabeza medio ladeada sólo por nervios.
Nunca he visto en el cine o en la televisión una mujer más desesperada y perdida que Chris, interpretada por la gran Ellen Burstyn; ni una ambientación y musicalización tan inquietante. La dirección de William Friedkin llega a tal nivel de perversidad que logra –quién sabe cómo– convertir en escenas de terror momentos tan inocuos como una caminata del padre Karras y el escáner a Regan (Linda Blair) en la clínica.
Finalmente la película mantiene tan bien la tensión y el miedo en las actuaciones y estética que los exorcismos terminan siendo los momentos menos terroríficos de la cinta. Totalmente recomendable por sobre todas las películas de miedo de los últimos 20 años.
Bonus: la escena más terrible que he visto en el cine es aquella en la que Regan (Blair) baja la escalera cabeza abajo… imperdible.