La Pequeña Gigante y su tío Escafandra, un evento cultural de corte mundial y que sólo duró tres días, dejó un sabor amargo en los asistentes y en quienes vimos el basural que quedó en la Alameda.
Es increíble que la gente no pueda guardar un papel en su bolso y luego tirarlo en su casa. O esperar llegar a un basurero y depositarlo ahí. Es la cultura, los malos hábitos, costumbres heredadas que nos dejan como unos cochinos.
El alcalde de Conchalí, Rubén Malvoa, tiene razón al indicar que la organización podría haberse preocupado de incentivar las buenas prácticas. Por ejemplo, no habría sido mala idea entregar a algunos asistentes bolsas reciclables que indicaran “bota aquí tus residuos”.
Ya sé, la educación parte en casa…pero si no se aprendió ahí, se puede hacer un intento.
Dijeron que este show no volvería antes de cuatro años. Entonces tenemos unos 1.500 días para ponernos las pilas.

