Fue un alivio que me mandaran a Concepción a cubrir el desastre que había dejado el terremoto. Además de ser un desafío como periodista, también me sirvió para ver a mi familia y verificar que todos se encontraran bien.
Desde un primer momento fue triste ver el nivel de destrucción. Edificios a punto de desplomarse, personas durmiendo en carpas, filas interminables en los cajeros automáticos y en las farmacias, gente caminando por las calles sin saber qué hacer y sirenas sonando por todas partes.
Lo más impactante, sin duda, fue ver la naturalidad con la que la gente se tomaba la presencia de los militares en las calles. Les pedían ayuda para desalojar las casas, dirigían el tránsito y estaban atentos a cualquier emergencia urbana.
Eran las 14:30 horas y tenía que apurarme con el reporteo porque sólo tenía 3 horas y media para hacerlo. A las 18:00 hrs. empezaba el toque de queda y se acaba la libertad. Por suerte me conseguí un salvoconducto que no me sirvió de mucho, aunque se transformó en un respaldo ante cualquier situación de alerta.
Era crítica la situación. Debo decir que me sentía mal hasta de ir al baño y ocupar la poca agua que habían juntado mis tíos para poder tirar la cadena del WC. Cosas tan simples en las que no reparamos día a día.
Por otro lado, mi tía hervía agua en una tetera y después de enfriarla la metía a una botella. Esa era el agua que servía para el aseo personal. ¡Qué precario!
Los temblores venían cada 20 minutos. Con cada uno de ellos yo llegaba a saltar, y para mis primos todo era más normal. “No te preocupes, es el remezón y después para”, dijo mi prima.
A mis papás no los vi hasta el otro día. A las 12:00 pm se terminó el toque de queda y viajaron de Penco a Concepción para verme. Estuve un par de horas con ellos y mi hermano me mostró un video post tsunami que está en la página de Publimetro.
De verdad me conmueve ver la destrucción, sobre todo en las zonas costeras. Por eso me molestó un comentario que alguien hizo hoy en la oficina. “Estoy aburrido del tema del terremoto”, dijo. Que dé gracias a Dios que no le pasó nada a él ni a su familia… otros en este momento están sufriendo.

